domingo, 13 de enero de 2013

La otra mitad.

Y esa mitad. Esa parte de nosotros que está dominada por un desconocido instinto animal. El cual se manifiesta de alguna u otra forma de la manera y forma que menos esperas. 
Un lobo. Sientes el instinto de un animal cazador, dominante, solitario cuando se debe y en manada cuando a de proteger. Libre, solo sigue su camino, el que cree correcto, el que le inspira, el que le guía. En noches oscuras, sombrías y frías, canta, aúlla al cielo... aunque no haya luna, aunque no haya quién le escuche, pues es la única forma de poder decir lo que en si mismo guarda. Mirada penetrante y limpia, se lee todo en esos ojos de color intenso, llenos de vida. Alma y cuerpo dedicada a una vida en el bosque, en los montes, en los paisajes blancos árticos similares a su sedoso y cálido pelaje.
No se trata de un lobo cualquiera. Un lobo blanco, de grandes y largas patas con un firme pisar, una figura esbelta y difícil de derribar. Dedicado a la soledad, la compañia y la incertidumbre de saber cual será su próximo destino. 

1 comentario:

  1. Guau, me ha cautivado tu lectura al igual que la mirada de ese lobo que describes, sigue publicando entradas de este tipo y tus lectores lo agradecerán :)

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