domingo, 27 de enero de 2013

Reencuentro en la noche de luna llena.

Luna llena. Bajo su luz, y el sonido del bosque, se oyen las pisadas lentas y pausadas sin rumbo de un lobo, blanco, pues es del casi mismo color que la luna. Mirada fría y triste, de unos ojos amarillos, intensos y brillantes que no reflejan más que lo que siente en su más adentros, en su corazón.
Los pocos rayos de luz pasan a través de las hojas de los altos árboles de aquél inmenso lugar. Búsqueda desesperada, pues al no ver nada, no se distingue un pequeño animal de la sombra de un arbusto. Cansado de seguir avanzando, y sintiendo el frío en su misma piel, hizo una última mirada a la luna, aunque escondida, antes de rendirse.
Bajó la mirada. Ojos iguales a los suyos le sorprendieron entre la maleza. Se quedó mirándolos. Enemigo o no, la posición de ataque fue automática, preparado para lo que pudiera pasar. Gruñidos entre ambos. Se hizo el silencio... solo se oían los roces de las hojas contra el cuerpo de aquél animal que salía de su escondite. El lobo se apartó, sigiendole la mirada.
Un gran lobo negro. Fuerte, y magnífico.
Blanco y negro. Luz y oscuridad. El mismo corazón. Dos almas destinadas a estar unidas, se habían encontrado.
Clavados en la tierra, relajados, uno enfrente del otro... Aquella noche, no se escuchó más que los aullidos de un reencuentro.

1 comentario:

  1. Sin duda alguna, esta entrada me ha llegado al corazón, has conseguido que me meta en la piel de aquel lobo blanco, cada momento, cada acontecimiento esta plasmado de forma magistral, sigue escribiendo así de bien. :)

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